He tardado en cumplir. Dije que estaría para este lunes y no ha podido ser, mis disculpas. Este capi es un poquito más largo que el anterior, pero también es porque pasan cosas (en el anterior solo os puse en situación), también hay más descripciones de los lugares (que algunos me habéis pedido y que aunque no son nada del otro jueves al menos hay) e incluso diálogos y acción… ¿Habrá más? Yo espero que sí. Pero no sé cuando, porque los pilares son fechas concienzudamente apadrinadas por el caos. De nuevo mis agradecimientos a Siltha que se ha vuelto a enrollar muchísimo ayudándome incluso estando tan liada y a Héctor, que ha hecho una jodidísima (perdón álex) viñeta que os va a encantar. Os recomiendo poneros música entre cañera e intrigosa, una historia gana mucho con una buena banda sonora, para el siguiente capi tal vez os recomiende algo =)
Desde el accidente la mayoría de las poblaciones Europeas habían quedado totalmente destruidas. No importaba la región de la ciudad a visitar, el panorama era siempre similar. Coches volcados y calcinados, edificios enteros destruidos, calles cuyo pavimento había cedido dejando grandes agujeros que comunicaban con las cloacas. Pero al fin y al cabo, eso solo eran bienes materiales, comparándolos con las manchas de sangre que teñían los suelos o los cadáveres que podías encontrar tétricamente destrozados, lo demás se convertía en unos daños reparables.
El paisaje que ofrecían las plazas de las grandes ciudades, los últimos puntos de defensa o los refugios civiles serían las musas del poeta más macabro. Allí trozos de personas quedaban esparcidos siguiendo un orden siniestro y lúgubre. El accidente fue causa del azar, Zarkas no creía en el castigo divino que los más fundamentalistas proclamaban. Pero algunas veces reflexionaba sobre qué habría pasado si el azar hubiera traído a la Tierra a una civilización extraterrestre un poco menos… carnívora.

Zarkas comprobaba que las plantas que tenía debajo estaban vacías. Esto no le llevó mucho tiempo, pues había ido construyendo una serie de medidas de seguridad que mientras siguieran allí ningún Bosón podría infiltrarse; así que cuando terminó fue hasta la planta baja. Se quedó al borde de la escalera, observando lo que en su día había sido una preciosa recepción bien iluminada, con grandes espejos en las paredes y una mesa en donde hacía tiempo esperaba el portero. Esta habitación ahora era una escombrera en semipenumbra llena de posibles amenazas. Mirara donde mirara sentía razones para ser cauteloso. Algunos trozos de techo colgaban hasta el suelo sujetados por hierros, los cristales en su mayoría rotos reflejaban imágenes ilegibles, y los muebles de este vestíbulo eran en su mayoría trozos de madera astillados y desfigurados. Siempre que bajaba era la misma historia: muchos lugares donde esconderse. Ya había pensado en arreglarlo un poco, pues a pesar de que los Bosones eran en su mayoría bastante inteligentes, ellos no diferenciarían un lugar habitado de uno arrasado. Zarkas pensaba, que en el fondo, el orden y el caos dependían del punto de vista de cada uno; y para estas criaturas que venían de otra galaxia que el techo estuviera colgando o bien pintado debía ser más o menos lo mismo. Lo había dejado todo en su sitio, pues una entrada acogedora solo atraería refugiados o supervivientes, que a su vez, atraerían enemigos. Si alguien tenía que entrar en su casa sería como invitado, y no sin su consentimiento.
Él en estos momentos era el cazador, y tenía la ventaja de que su presa no sabía de su existencia. Por ello, el tiempo de espera fue razonablemente breve. Bajó las escaleras empuñando su escopeta, avanzando lentamente, paso a paso. Una vez llegó hasta abajo, y antes de llegar al portal del edificio, un sonido le detuvo. En la calle había comenzado un estruendo terrible. No pudo identificar de qué se trataba, pero sin duda lo causaba un objeto más bien grande. Se acercó en cuclillas hasta la puerta y miró a través de una pequeña obertura que él mismo había formado. Sus ojos buscaron hacia la izquierda, de donde venía el sonido. No pudo ver nada enfrente de su fachada pues el ángulo de visión que tenía era insuficiente, desde allí controlaba unos doscientos metros de la fachada de enfrente, separada de la suya por sendas aceras de tres metros de ancho y un asfalto con espacio para dos carriles en ambos sentidos, ahora plagado de coches abandonados, algunos incendiados. Pensó en la posibilidad de poner unos espejos en la fachada del edificio de enfrente inclinándolos para aumentar su campo de visión, y no era una mala idea, pero lo haría después de encontrar a la chica.
Lo que antes le había parecido el sonido de un gran objeto arrastrándose ahora eran unas pesadísimas pisadas que golpeaban el suelo cada vez más cerca. Por su frecuencia dedujo que se trataba de un cuadrúpedo y entonces se dio cuenta de a qué enemigo se enfrentaba. Más le valía a la chica merecer la pena pues se enfrentaba a un poderoso enemigo, desde el final de la calle debía de estar acercándose uno de los Bosones más grandes que había. A esta raza él los llamaba Armadillos y los consideraba como unos animales entre los Bosones, pues su comportamiento e inteligencia no eran especialmente altos. De unos cuatro metros de alto y diez de largo los Armadillos tenían cuatro gruesas patas que usaban para caminar, su piel era especialmente gruesa y dura y la mayoría de su cuerpo resistiría un disparo de su escopeta. Además de su resistencia tenía otra característica importante que le convertía en un enemigo difícil de abatir, y es que tenía dos articulaciones más, similares a unos brazos, que terminaban en unas placas especialmente resistentes remachadas con pinchos que al unirse protegían el rostro del Armadillo formando un gran círculo. La protección de sus patas, vientre y espalda, junto a la del cuello y el rostro, habían provocado estragos en las líneas Franco-Suizas y varias carreras de Zarkas buscando un lugar donde esconderse.

No podía negarlo. Estaba algo ansioso ante esta situación. Volver a su casa no era una posibilidad pues la joven que pedía ayuda no estaría allí todo el día, tampoco quería salir a enfrentarse al Armadillo enfrente de su guarida, pues su fuerza física podía terminar dañando la estructura de lo que ahora era su hogar. Además, Zarkas sólo había matado a un Armadillo en estos seis meses y no fue en las mismas condiciones que ahora. En el tercer mes, una vez la ciudad ya había sido destruida, consiguió algo de material explosivo que utilizó para terminar con él. Tuvo que gastarlo todo situándolo en el vientre del animal después de adentrarse en las alcantarillas. Por ahora su única posibilidad era hacer tiempo hasta que pasara de largo de su portal. Tras esperar varios minutos, el ser al que acechaba entró en su campo de visión. Su movimiento era pausado pero enérgico: tal era su fuerza que a su paso iba apartando con la cabeza los coches que se interponían a su paso como si no pesaran a penas. Su enorme tamaño le evocaba la visión de un dinosaurio de antaño que según seguía su camino se iba perdiendo de vista. Finalmente abrió la puerta de su casa y salió en cuclillas hasta el coche más cercano, interponiéndolo entre la visión del Armadillo y la suya.
Zarkas avanzaba lentamente, con sumo cuidado y procurando no hacer ruido. Iba de coche en coche, agazapado, con la escopeta pegada al pecho y la funda de la katana rozando levemente el asfalto. Se dirigía hacia la derecha, a la bocacalle más cercana y que mejor le servía para llegar hasta el estudio de radio donde creía que estaba su posible y futura compañera. Esa también era la dirección hacia la que estaba el Bosón, que había pasado ya de largo la calle, por lo que, para llegar hasta allí tendría que confiar en su suerte, ser sigiloso, y rezar porque no se diera la vuelta. Iba mirando todos los rincones para asegurarse de que no había ningún enemigo a parte del Armadillo y una vez tenía seguro que podía seguir continuaba hasta el siguiente automóvil. Apenas le quedaban 10 metros y ya entraría en la calle, unos pocos metros más y aunque se diera la vuelta no conseguiría verle. Calculó sus movimientos, tres metros hasta el coche más cercano, cinco más para esconder en el portal más cercano a la esquina, y los últimos para girarla y observar el panorama de lo que era su vía de escape. Así lo hizo y a gran velocidad realizó los movimientos necesarios para cubrir la distancia que le separaba de la esquina. Sacó la cabeza y comprobó que no había nada extraño en la calle a parte de dos edificios totalmente destruidos, prácticamente se habían desmoronado sobre el asfalto creando una montaña de escombros.
El gigantesco Bosón estaba ya a 40 metros y en cuanto el edificio de la acera de enfrente se interpusiera entre ambos apenas habría nada que temer. Necesitaba liberarse de la tensión y con cierta impaciencia dio dos pasos hacia delante con intención de observar la calle más a fondo. Cuando apenas había terminado de caminar una voz siseante le sorprendió.
- Hola humano – la voz era grave y pausada, y, lo que era más importante, venía de la izquierda -, llevábamos semanas buscándote.
- ¿Perdón? – no se le había ocurrido nada más inteligente que decir. Su tono de voz era realmente raro, y le había llamado humano… “Maldita mala suerte” pensaba Zarkas, “¡No podía ser un Bosón!” y giró su rostro en dirección a la voz.
- Debes acompañarme a ver a nuestro líder de inmediato – pudo encontrar el punto desde el que sonaban sus palabras, una zona totalmente oscura dentro de un local con los cristales rotos situado a pocos metros. “¿Desde cuando los Bosones podían comunicarse con la voz y hablaban castellano?”
- Lo llevas claro si crees que voy a ir contigo. Muéstrate y dime quien o qué eres – sujetó con una mano el cañón de la escopeta y la otra la puso firme en el gatillo. A no ser que fuera el humano más raro que jamás hubiera visto, estaría muerto en cuanto confirmara sus sospechas.
- Mis razones son los deseos de mi amo; pero, no caigas en engaño, no te he pedido nada, vendrás conmigo quieras o no.

Una sombra se puso en pie alcanzando casi los dos metros de altura, sus brazos, que llegaban hasta las rodillas, terminaban en unos dedos muy alargados. De un salto se lanzó en dirección a Zarkas con los dedos estirados como si fueran cuchillas. Él apuntó en su dirección y justo cuando el Bosón le alcanzó el costado disparó su escopeta. Acto seguido un agujero de quince centímetros de diametro apareció en el pecho del monstruo, que salió despedido hacia atrás. Desde la lejanía se oyó un bramido atronador. Tras comprobar que el Bosón estaba muerto Zarkas giró su cabeza, y su mirada conectó un instante con los ojos del Armadillo, justo en el momento en el que su coraza frontal le terminaba de tapar el rostro y sus pisadas iban en dirección al humano.
Sin pensárselo un segundo, Zarkas salió corriendo calle arriba y lo hizo con todas sus fuerzas. Debía llegar a algún subterráneo antes de que le alcanzara el cuadrúpedo. Una pequeña cantidad de sangre manaba de su cadera, eso no le iba a impedir huir, apenas era un rasguño.
A su espalda, las vísceras del Bosón abatido se regeneraban rápidamente. Cuando toda su piel volvió a formar una lisa capa se levantó. Fue a tiempo para ver pasar a toda velocidad a uno de sus “compatriotas”. Los ojos del Bosón humanoide eran en su totalidad de color azul y la profundidad de su mirada denotaba una enorme inteligencia. Tras toquetear con sus largos dedos lo que había sido un agujero en su vientre dirigió una última mirada en dirección del humano y dijo:
- Tus trucos no van a salvarte. No pudieron salvar a millones de humanos, y no te salvarán a ti – y se marchó en dirección contraria.

Y eso es todo por hoy. ¿Qué pasará con Zarkas? Yo apuesto por la papilla. Espero que estéis de acuerdo conmigo en cuanto a que la viñeta de Héctor es cojonuda, ¿no? Ya sabéis que me encantan vuestras sugerencias así que no os cortéis un pelo. De nuevo gracias a todos. Y como despedida un consejo: tratad bien a vuestra madre.
(En cuanto a MÍ decir que estoy más animado, aunque tengo un conflicto de sentimientos entre responsabilidad y odio a mi universidad que no sé si acabará conmigo…)
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